Iris tenía cinco años y cenaba a las siete de la tarde. A esa hora su abuelo iba a verla a ella y a Pol y les daba de cenar. Comían mejor si les contaba un cuento o si les enseñaba a jugar al ajedrez. Y el ajedrez les gustaba, sobre todo porque el abuelo se dejaba siempre ganar y eso de darle “jaque mate al rey” les hacía ir muy contentos a la cama. “Mamá he ganado al yayo”, en Cataluña el abuelo es el “yayo”. Y así aprendió a jugar al ajedrez Iris, y el autor nos lo cuenta